La integridad no suele ser popular, pero si tiene el valor para desmentir cualquier acusación malintencionada o engaño que pueda venir en tu contra; así como para premiar y bendecir en forma sorprendente a aquellos que la practican. A continuación comparto tres casos de la Biblia, en los cuales queda reflejado la bondad de la integridad para quienes la tienen.

El primer caso es José, hijo menor del patriarca Jacob, el cual siendo esclavo en Egipto, alcanzó la posición de administrador de la casa de Potifar debido a su trabajo e integro comportamiento. Además, la vida integra de José impidió que creyeran las falsas acusaciones que hizo la esposa de Potifar, quien acusaba a José de intentar aprovecharse de ella. Pero Potifar dudo de las acusaciones de su esposa y no consintió matar a José, en cambio, lo envió a la cárcel (Génesis 39); una estación momentánea que tuvo que pasar José para llegar a la cúspide del Imperio Egipcio y ser nombrado el segundo al mando (Génesis 41:37-50).

Y que decir de Daniel, el cual siendo adolescente ingresó junto con un grupo selecto de jóvenes hebreos a la corte del Rey Nabucodonosor y enfrentó la posibilidad de consumir alimentos prohibidos por la Ley Mosaica pero Daniel junto a los otros jóvenes hebreos  los cambiaron por legumbres y agua. Esta decisión tomada por los jóvenes les hicieron recibir la bendición de Dios (Daniel 1:8-21). Luego, bajo el reinado medopersa de Ciro, cuando Darío gobernaba localmente, Daniel fue arrojado al foso de los leones a causa de su gran fidelidad a Dios. Salió ileso del foso demostrando así a Darío el poder de Dios (Daniel 6:1-27). Daniel fue un hombre obediente a Dios, lo cual no fue muy popular para el pueblo, pero su fe e integridad fue vista y premiada por Dios durante tres reinados diferentes (Nabucodonosor rey de Babilonia, Dario el medo y Ciro el Persa).

Finalmente, otra referencia biblica sobre los beneficios de la integridad, la encontramos en el libro de  Salmo, la cual dice de la siguiente manera:  “Jehová, ¿quién habitará en tu Tabernáculo?, ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia; el que habla verdad en su corazón; el que no calumnia con su lengua ni hace mal a su prójimo ni admite reproche alguno contra su vecino; aquel a cuyos ojos el indigno es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová; el que aun jurando en perjuicio propio, no por eso cambia; quien su dinero no dio a usura ni contra el inocente admitió soborno. El que hace estas cosas, no resbalará jamás” (Salmos 15:1-5, RV95). Esta porción sintetiza brillantemente los esfuerzos para alcanzar la integridad y los poderosos resultados que provoca en las vidas de quienes la practican.