Teniendo en cuenta que los determinantes de la integridad son la obediencia a la palabra de Dios y el ejertcitar el dominio propio (autocontrol), entonces las preguntas que nos podríamos hacernos es: ¿Cómo logramos ser obediente? ¿Cómo  logramos el autocontrol?. Desafortunadamente no hay recetas ni formulas mágicas que respondan estas dos preguntas. Solo te podría decir que el camino a la obediencia y al autocontrol esta lleno de esfuerzos y sacrificios para agradar a Dios.

Una vez decides vivir en integridad, un primer paso que debes buscar es salir de la comodidad “carnal” contrario al accionar del Espíritu Santo. En otras palabras, logramos la integridad cuando somos honestos en buscar el constante crecimiento espiritual y la superación personal con la guía del Espíritu Santo. No dejar que el pecado y su obra actúe en nuestras vidas es una buena forma de comenzar.

Debemos recordar que la palabra integridad se deriva del latín que significa: Entero, Completo, Con todas sus partes. Por tanto, la integridad no es una obra de la casualidad ni mucho menos se nace siendo integro, sino de la decisión personal por alcanzar la satisfacción de nuestras necesidades a la manera de Dios; sean éstas necesidades afectivas, financieras, sexuales, y de cualquier otro tipo. Exige el crecimiento espiritual y la superación personal con base a la palabra de Dios, para no caer en la mentira del pecado. Y evitar aquellos tropezones de nuestra vida que pongan en duda nuestra integridad. Debemos ser completos.

Reitero que la integridad busca la complacencia personal en agradar a Dios, y por tanto, requiere de una decisión voluntaria y perseverante de constante crecimiento y superación por alcanzar lo mejor, lo que solo Dios puede darle a nuestras vidas. Creo que éste punto es el “tourning point”, el punto de inflexión, el punto de giro que determina el cambio hacia una vida integra.

Una vez decides esforzarte y sacrificarte por obtener lo mejor de Dios, no importando las dificultades, tentaciones y críticas que puedas enfrentar, pueda ser que falles en el intento. Lo que importa es que nuevamente te levantes y luches con más ganas hasta lograr cambios significativos y permanentes en tu vida.

Aléjate de la tentación. En general, las tentaciones son fuerzas enemigas que solo las vences resistiendolas (Santiago 1:12) y evitandolas (1 Corintios 10:13). Las tentaciones son necias, no entienden de razonamientos lógicos, ni mucho menos trates de evangelizar las tentaciones. Las tentaciones se enfocan en el deseo pecaminoso que desean alcanzar, lo demás no les importa. Así que es mejor alejarse, evítalo. Tu deseo debe deleitarse en la satisfacción y gozo de la bendición de Dios, y no en la espuria y deligrante paga del pecado.

Y si caes en pecado. Inmediatamente busca el perdón de Dios (1 Juan 1:19).. Corre a la cruz, donde Jesucristo pago todos nuestro pecados, y no permitas que estas malas decisiones causen más problemas o héridas en tu vida o en otras personas. No le des mucha vuelta al asunto.

Si tienes el valor de enfrentar el pecado y la confianza de compartir esta situación con algún amigo cristiano o líder que te pudiera ayudar, no dudes en hacerlo. Hablar sinceramente con otra persona te puede ayudar a comprometerte y enfrentar con más firmeza la tentación, y vencer el pecado.

Finalmente, quiero contarte una historia. La Gran Muralla China, catalogada como una de las siete maravillas del mundo, fue construida por el Imperio Chino con el objetivo de proteger su territorio y evitar la invasión de sus enemigos. Con una extensión total de 7,300 Km esta obra esta compuesta por muros, pasos, atalayas y torres, teniendo una altura de entre 7 y 8 metros, y una base de 5 a 6 metros de largo. La estructura base de la muralla fue construida en 17 años, y por mas de 1,000 años, diferentes gobernantes chinos contribuyeron en su ampliación y reparación. A pesar todos estos esfuerzos, la Gran Muralla China no fue suficiente para impedir el paso de sus enemigos, quienes no traspasaron los muros de las murallas, pero si consiguieron traspasar la débil integridad de los soldados que custodiaban la muralla, los cuales terminaban siendo sobornados.

Con esta historia quiero dejarte el siguiente mensaje: no importa cuan grande u organizada este tu estructura ministerial ni tampoco importa la imagen que tanto te ha costado construir de “santulon”. Todo esto pierde valor, sino no trabajas en tu integridad y en la integridad de los servidores y lideres cristianos que trabajan en la obra del Señor.