A continuación tengo el agrado de compartir algunas ideas sobre “La Integridad”. Hoy en día la integridad al igual que muchos otros valores cristianos, no esta posicionada en las grandes campañas publicitarias que vemos en los medios de comunicación. Sin embargo, la “Ausencia de Integridad” es el denominador común de los grandes escándalos que vemos en los espacios noticiosos.

Desde la exitosa actriz de Hollywood envuelta en adicciones a las drogas, pasando por el reconocido deportista envuelto en problemas de alcoholismo y maltrato familiar, los escándalos de corrupción que envuelven a personalidades del campo político y gubernamental, y hasta las vergonzosas noticias de líderes religiosos envueltos en delitos sexuales y problemas financieros.

Lastimosamente,  la ausencia de integridad no solo cubre las esferas de la fama y el liderazgo convencional, sino que también tiene envuelto con mucho dolor a muchas de nuestras familias, sean éstas cristianas o no cristianas. No resulta raro oir de los problemas que envuelven a familiares, vecinos, compañero de estudio y de trabajo, los cuales tienden a dañar su credibilidad, honradez, y hasta su propia dignidad, entre otros muchos impactos negativos de la falta de integridad.

Estos personajes y hechos únicamente nos confirman la ausencia de integridad en nuestra sociedad. Y hacen el llamado a la Iglesia de Jesucrito a formar personas integras, dignas de llamarse discipulos en cualquier esfuera de nuestra sociedad.

 ¿Qué es la integridad?

Posiblemente muchas personas puedan definir la palabra integridad a partir de la forma en que ésta se manifiesta, tales como personas bien portadas, correctas, honestas, y cosas como estas. Otros posiblemente puedan llegar a confundir la integridad con la moralidad, aunque lo cierto es que la integridad asume la moralidad y la supera. En seguida presentó algunas ideas que buscan aclarar el término.

Fundamentalmente, la integridad es el resultado de un comportamiento basado en dos conceptos que la determinan: la obediencia y el autocontrol.

El primero de ellos es la obediencia.

Obediencia a  principios, valores y formas de actuar que son interiorizados como verdades y que no tienen discusión. Es este punto el que hace que muchas veces se confunda la integridad con la moralidad, pues aunque ambas parten de asumir y cumplir con normas de comportamiento social, la diferencia estriba en que la moralidad obliga al individuo a ser obediente mediante controles sociales y culturales que llevan al individuo a ser totalmente sumiso a estas reglas; en cambio la integridad lleva a una interiorización conciente y voluntaria de las buenas normas de comportamiento, las cuales son obedecidas independientemente del beneplácito de los que estan a su alrededor.

La “Palabra de Dios” tiene un papel fundamental en el camino hacia la Integridad, pues se convierte en el Semillero; nos nutre de las verdades divinas que orientaran nuestra manera de pensar, sentir y actuar.  Pero todo lo anterior queda en el aire, sino se sella con la Obediencia, la cual es la Cosecha de la Integridad.

 El segundo es el autocontrol.

El apóstol Pablo lo llamaba Dominio Propio (2 Timoteo 1:7). De allí que  el integro tiene igual comportamiento en lo público que en lo privado, actúa no por complacencia pública sino por complacencia personal; y tampoco sorprende que la persona integra viva fielmente lo que piensa y lo que habla.

La vida integra no se busca o se encuentra con plena intención, sino que generalmente viene a nuestras vidas por añadidura, de una forma natural, no forzada ni imitada. Resulta que un día, los demás notan que tu eres integro, y tu ni tan siquiera lo has notado. Veamos algunos ejemplos donde puedes ver la integridad:

  • Cuando decide no contaminar tu mente con pornografía y te niegas a hacerlo cuando se presenta la oportunidad.
  • Cuando en un establecimiento le devuelves al dependiente un cambio de dinero que te han dado de más.
  • Cuando como líder guardas tu vida para ministrar y pastorear tu congregación.

Por lo anterior, las personas integras se les define como aquellas que “entre el dicho y el hecho existe poco trecho”, su comportamiento es una sombra de lo que predican.