En las congregaciones, el Ministerio de Discipulado responde a la orden dada por nuestro Señor Jesucristo de “…id, y hacer discípulos a todas las naciones…enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…” (Mateo 28:19-20). Por tanto, el discipulado no es algo adicional ni opcional para los creyentes del Señor Jesús, sino un paso necesario para tener una vida cristiana victoriosa. Por tanto, las primicias básicas del mandato de Cristo sobre el discipulado son:

  • Los discípulos no NACEN se HACEN
  • Los discípulos deben ser personas ENSEÑABLES
  • Dios respalda la tarea de hacer discipulado

Los líderes deben tomar con seriedad el mandato del Cristo resucitado de hacer discípulo. Esto requiere que los líderes sean ejemplos de pureza y madurez espiritual, para llamar a otros al arrepentimiento, a la fe en Cristo, al bautismo y a la obediencia a todos los mandamientos de Cristo (Mateo 18: 19,20; Colosenses 1: 28, 29).

Precisamente, se considera que nuestro Señor Jesucristo ordenó un proceso para renovar a los creyentes, hasta llevarlos a ser como Él. La Biblia nos presenta el carácter del discípulo del Señor Jesús, algunos rasgos son: imitadores de Dios (Ef. 5:1), Obedientes (Romanos 12:1), fieles (1 Tes. 1:6), humildes (Fil. 4:9), servidores con excelencia (Mt. 20:25-28), enseñables (Fil. 4:9) y amorosos (Jn. 13:35).

La siguiente figura: “El diamante: visión del discipulado”, presenta de una forma muy clara y simple el alcance que tiene el discipulado. La figura indica que el inconverso o no creyente es evangelizado y llega a ser un creyente de Jesucristo, para luego ser instruido y convertirse en un discípulo. En seguida, el discípulo es formado para ser un discipulador, el cual es capacitado para evangelizar y discipular a los inconversos. Se trata de un circulo virtuoso, donde la multiplicación de discípulos y la formación de líderes de discipulado esta al servicio de cumplir la Gran Comisión.

Fuente: retomado del libro La Aventura de Discipular a Otros, por Ron Bennett y John Purvis.
Fuente: retomado del libro La Aventura de Discipular a Otros, por Ron Bennett y John Purvis.

Recapitulando, se parte del principio que los discípulos no nacen sino que se hacen, es decir que éstos deben ser formados. Pero no se trata de un proceso automático, instantáneo, monótono ni definitivo como algunos podrían pensar a simple vista; sino que por el contrario, el discipulado al pretender moldear el carácter de Cristo en una persona, se enfrenta a una serie de hechos y situaciones inherentes al comportamiento humano como pueden ser costumbres, hábitos, sentimientos, pensamientos, decisiones, etc, los cuales para ser influenciados y conquistados por el Reino de Dios, se necesita de la guía del Espíritu Santo, así como de tiempo, paciencia, disposición, dedicación, compromiso, y en fin una serie de esfuerzos, si se desean alcanzar resultados sólidos y sostenibles. Te hacemos la invitación a inscribirse en nuestros cursos de formación de líderes de discipulado, los cuales te ayudaran experimentar la visión del discipulado.